Planeta Zoo -Año 3 Número 10  Agosto, 2007

Aprendiendo

Tito, el tití

Tito, el tití, nació de las manos de una humilde artesana del municipio Santa Catalin, Bolívar. Cuando se vio así mismo, por primera vez, pensó que era igual de bello y ágil que un tití cabeciblanco de verdad, y sintió también que estaba listo para su misión en este mundo: salvar titíes cabeciblancos y proteger el bosque seco tropical de Colombbia.

Como Tito, cientos de titíes cabeciblancos de peluche son elaborados por artesanas de Hobo, un caserío al noreste de Bolívar, en el que la Fundación Proyecto Tití desarrolla actividades económicas alternativas a la destrucción del bosque. Lo anterior va de la mano de proyectos de gestión comunitaria que permiten a los habitantes de zonas cercanas, generar recursos a partir de oficios no dañinos para la fauna o los bosques. Las familias de las artesanas que ahora confeccionan titíes de peluche como Tito, solían desarrollar prácticas perjudiciales para la integridad del medio ambiente, por ejemplo la extracción y venta de animales para el tráfico de mascotas. Sin embargo, los programas de la Fundación Proyecto Tití han ayudado a generar ingresos para las familias de una manera constructiva, al tiempo que se han eliminado las prácticas nocivas para el ecosistema.

Así que Tito se dejó empacar en su bolsa, se colocó la etiqueta especial de la Fundación en la cual se explicaba su naturaleza y misión y esperó, con paciencia, la oportunidad de salvar a un tití cabeciblanco. Tito sabía que los titíes cabeciblancos de verdad son perseguidos para convertirlos en mascotas, debido a la fascinación que despiertan. Las personas quieren tener en casa toda esa ternura y belleza, por tanto compran titíes y otras especies de animales silvestres. De modo que Tito era consciente de su reto: igualar los atributos de un tití verdadero, sin importar que durante el viaje se desacomodara en el empaque, pues siempre encontraba la forma de mantener su llamativo penacho blanco en alto.

Tito también conocía la cara triste de la compra de animales silvestres. De los titíes de peluche más viejos había escuchado historias terribles de cómo las madres titíes son brutalmente asesinadas para quitarles a sus crías. Había visto algunos titíes llegar en muy malas condiciones a las instalaciones de la Fundación; allí trataban de salvarlos de las maldades de las cuales eran víctimas. Tito sabía que muchos titíes son drogados por los traficantes, antes de venderlos, para que aparenten mansedumbre. No obstante, al pasarles el efecto en casa de los niños, respondían a sus instintos naturales y atacaban con el fin de liberarse. Tito se dio cuenta que detrás de su misión de salvar titíes había otra: salvar a los niños de las posibles agresiones de un tití.

Pero lo que más impulsaba a Tito a cumplir sus objetivos era la cruel realidad de los titíes, privados de su medio natural para siempre. Si sobrevivían al tráfico, estaban condenados a una existencia triste, separados de los suyos y de su entorno. Fue, entonces, cuando Tito comprendió una frase escuchada hace un tiempo: «Un tití que es tenido como mascota está muerto para su especie».

Los titíes cabeciblanco son animales que viven en grupos familiares. Muchas de sus conductas y vocalizaciones son aprendidas de su familia, y el carecer de este aprendizaje necesario le impedirá sobrevivir si es devuelto al bosque.

 Si usted desea aprender más sobre la vida del tití cabeciblanco o los problemas del tráfico de mascotas, ingrese a www.proyectotiti.com

Una tarde de domingo, después de acicalar su gran penacho blanco y mientras conversaba con otros titíes acerca del bosque seco tropical en la vitrina de una tienda del Zoológico, Tito conoció a Gabriela, y de inmediato supo que había llegado el momento de cumplir su misión. Gabriela traía muy mala cara, y discutía acaloradamente con su mamá porque quería tener un tití de mascota. Cecilia, su mamá, había escuchado de los educadores del Zoológico acerca de los peligros de conservar titíes en casa, pero Gabriela se empeñaba en conseguir uno que le sirviera de compañero y mejor amigo. Así que al pasar por la tienda del Zoológico, Tito saltó hasta llamar la atención de Gabriela y su mamá. Felizmente, se ganó el interés del niño, quien luego de un pequeño ruego a su madre, salió del Zoológico pensando que era mejor tener a Tito que a un tití de verdad, pues incluso podía dormir con él.

Mientras era abrazado por Gabriela camino a casa, Tito sintió la satisfacción del deber cumplido; se había ganado el corazón de un niño y le había hecho renunciar a su necio interés de comprar un tití vivo. Asimismo, comprendía  que el dinero pagado por él, llegaría hasta las artesanas de La pintada para que ellas pudieran sostener a sus familias y lograran continuar elaborando titíes que salvaran a los de verdad. Pensando de esta manera, Tito se acurrucó en la barriga de Gabriela.

 

 


 



Opiniones de los usuarios
Jussef FraijaMe parece bien la campaña que estan haciendo en pro a la protección de...