Planeta Zoo -Año 4 Número 14  Agosto, 2008

Una mirada a Pellito

Esta es la historia de Pedro Rafael o Pellito, como es mejor conocido por todos,  el nuevo bebé tigrillo del Zoológico de Barranquilla.

A simple vista, Pellito podría parecer un tigrillo más de los muchos que nacen en cautiverio en el mundo, pero no, su historia es muy especial. 

Pellito nació el 3 de abril de este año, y todo indicaba que su vida iba a ser  normal. El primer día de nacido marchaba bien, su madre lo amamantaba y se comportaba de manera adecuada con él, a pesar de que ella no había sido criada por su propia madre. La mamá de Pellito antes de llegar al Zoo había sido comprada en el mercado negro y criada por humanos, de ahí que surgieran dudas sobre el desarrollo de sus instintos maternos.

Las preocupaciones del equipo médico del Zoo fueron cobrando fuerza a medida que pasaban las horas. Al segundo día, el cuidador de esta especie reportó que el bebé tigrillo se había caído del árbol donde lo tenía la madre. Inmediatamente, fue llevado a la Clínica Veterinaria del Zoo para evaluación médica; sin embargo, no presentó ninguna anomalía, por lo que fue devuelto a su progenitora. Al quinto día, ocurrió el mismo accidente, pero en dos ocasiones, por ende se decidió sacarlo de la exhibición y criarlo en la clínica para preservar su salud.

Una vez en el centro asistencial fue chequeado de nuevo.  Al poco tiempo se convirtió en la adoración del personal del Zoo, tanto así que se ganó varios padres y madres sustitutas. Este interés general hacia Pellito resultó positivo, pues él demandaba muchísimos cuidados por sus estrictas rutinas de alimentación. Al principio, debía ser alimentado cada 2 horas con tetero, luego cada 4 horas. Semana tras semana, el bebé tigrillo fue pesado para evaluar su crecimiento, y pasó de 250 g a 500 g. Al cumplir el primer mes, se inició una dieta sólida utilizando concentrado para gatos bebés mezclado con su tetero.

Pellito se mostraba saludable, aunque había algo que llamaba en gran medida la atención del equipo médico del Zoo: sus ojos, pues normalmente los felinos los abren a las dos semanas de edad, pero a él le tomó tres semanas para hacerlo. Las inquietudes y sospechas se hacían cada vez más evidentes: Pellito o no veía bien o no veía nada, según las pruebas que le realizaron. Ante tal situación se decidió consultar a un especialista, el doctor Oscar Alvis, un reconocido oftalmólogo que en diferentes oportunidades ha ayudado con el diagnóstico de otros animales del Zoo.

El doctor Alvis, después de revisarlo, decidió remitirlo al retinólogo Carlos Abdala, quien luego de un exhaustivo examen determinó que Pellito presentaba una hipoplasia congénita de los nervios ópticos con atrofia retiniana en región macula bilateral. En palabras sencillas, Pellito nació ciego y no había forma de que recuperara su vista.

La noticia fue devastadora para todos, pues nos habíamos dedicado en extremo a su cuidado esperando a que cuando tuviera la edad suficiente pudiera ingresar a la lista de excedentes del Zoológico, y así convertirlo en un inmejorable ejemplar para intercambio con otros zoológicos del mundo.

Bajo las anteriores condiciones se inició el dilema. Pellito no podía ser intercambiado ni podía ingresar a la colección animal del Zoo por su condición especial. No obstante, al Departamento de Educación se le ocurrió ingresarlo al programa de animales de contacto. Esta idea fue novedosa, y nunca antes utilizada en Colombia.

El Zoológico de Barranquilla siempre se ha caracterizado por ser pionero. Claro está que el programa no sólo dependerá del equipo humano del Zoo, también se sustentará en el comportamiento que tenga el animal ante el público.

Actualmente, el Departamento de Veterinaria está trabajando muy duro para que se adapte al contacto y manipulación humana. De esta manera se ganaría un espacio en el programa de contacto y podría seguir con nosotros el resto de su vida.