Planeta Zoo -Año 3 Número 7  Febrero, 2007

Cuidadores del Zoo

Rafael Hernández: el cuidador del elefante del Zoo

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Cada fin de semana, mientras Rafael Hernández realiza, frente al público visitante, el duchazo de Tantor, el elefante del Zoo, recuerda su época de adolescente cuando por primera vez pisó este centro recreativo, y bombardeaba con preguntas al cuidador de turno.

Ha pasado mucho tiempo desde su primera visita al Zoológico de Barranquilla y, ahora, en su papel de cuidador, se prepara para los interrogantes de niños inquietos que, como él, llevan el amor a la naturaleza en su corazón. En Juan de Acosta, municipio del Atlántico, de donde es originario, Rafael siempre se interesó por conocer animales nativos, por ejemplo el tamanduá y el zorro chucho. Al mismo tiempo, en silencio soñaba con estar algún día en contacto con especies de otros continentes.

El tiempo pasó, se graduó de bachiller, realizó diversos trabajos, hasta que en 1993 se enteró de unas vacantes en la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla. Al presentar su hoja de vida, no contempló ser cuidador por la poca experiencia que tenía en el tema. Sin embargo, su sensibilidad por los animales y las capacitaciones recibidas permitieron cristalizar su sueño.

Empezó trabajando con rapaces. Luego, recorrió diversas áreas: desde taquilla y cocina para animales hasta coordinación de cuidadores en el 2003. Este último cargo le produjo numerosas satisfacciones, pero le quitaba tiempo para estar cerca de sus animales. La asignación duró poco y, hace tres años,  pudo regresar a su rutina en el área de África. Papiones,  leones, oryx, pequeños primates –como capuchinos y marimondas grises– y el elefante, conforman el grupo de especies a su cargo.

En esta área, Rafael descubrió una enorme fascinación por el mamífero más grande del mundo. Al expresar su sentimiento, nos confiesa: «Es un orgullo cuidar el elefante del Zoo, uno de los animales más querido por todos. Contrario a lo que muchos creen, no tengo temor de hacerme cargo de Tantor, y el secreto es entenderlo, saber qué quiere y cuándo lo necesita para poder controlar mejor su temperamento fuerte por naturaleza». De la misma manera, Rafael nos asegura que su compenetración con el elefante es tan sólida, que éste obedece sus órdenes con sólo reconocer su voz, incluso ayuda a cerrar la puerta de la exhibición utilizando su trompa.

El cuidador de nuestra historia reconoce que su empleo es una labor inusual, llena de peligros, pero cargada de sorpresas. «Este trabajo es único, te tiene guardado cada día una enseñaza nueva. Tengo trece años en el Zoológico, he visto su progreso y fenómenos naturales reservados sólo para la televisión. Acá me siento, en realidad, privilegiado. Cuidar  animales es nuestro aporte a la conservación del planeta», reconoce Hernández, quien además pretende pensionarse en este lugar.

Cita con el peligro
Su trabajo empieza puntualmente, a las 7:00 a. m.; hace un inventario de los animales a su cuidado e inicia en seguida el aseo del área de exhibición. Una vez finalizada la limpieza, es común verlo conduciendo por los pasillos del Zoo una carretilla llena de naranjas para Tantor o escondiendo palomitas de maíz y frutas para que sean encontradas por los papiones. Su preocupación, al igual que la de sus compañeros, es hacer la vida más cómoda y divertida a cada animal.

Aunque puede ufanarse de poder tocar a través de las rejas animales como los leones, Rafael Hernández nunca ha tenido un accidente. «Nos han enseñado a trabajar con protocolos de seguridad y, sobre todo, a no ser confiados. Cuando estoy acá, soy 100% de mi trabajo. Los cuidadores somos responsables del bienestar del animal, de los visitantes y de nosotros mismos», puntualizó.