Planeta Zoo -Año 3 Número 9  Mayo, 2007

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"Dar papaya" no es tan malo

Con seguridad, en algún momento de nuestras vidas hemos sido advertidos sobre una de las principales reglas para sobrevivir en sociedad: “no dar papaya”, considerada inclusive, y de manera jocosa, como el undécimo Mandamiento.

En nuestro medio, “dar papaya” significa exponerse, hacerse vulnerable o dar oportunidad para que otras personas se aprovechen de uno, lo cual, por instinto, siempre rechazamos o tratamos de evitar.

Sin embargo, cuando nos referimos a la abundancia frutal de los trópicos del continente americano, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que “dar papaya” no es en realidad tan malo.

Sería interesante conocer el origen de esta expresión coloquial, muy difundida en nuestro país, pues su significado no coincide con las cualidades y propiedades de la papaya, una de las frutas tropicales más populares y apetecidas.

La papaya es dulce y refrescante y deleita el paladar de múltiples formas, bien sea como fruta fresca, en jugo, dulce o jalea, e incluso como verdura cuando está inmadura. Se le considera uno de los productos agrícolas de mayor consumo y comercialización en el mundo.

Originaria del sur de México y América Central, esta fruta carnosa y jugosa ha logrado penetrar los mercados y el sector agrícola de casi todas las zonas tropicales y subtropicales del planeta, incluyendo Hawai, Sudáfrica, India y Australia, etc.

El papayo es un árbol singular, de crecimiento rápido y erguido, de corta vida pero de alta productividad. Anualmente, puede producir hasta 50 frutos, lo cual es un número significativo si consideramos su tamaño y liviana contextura. En realidad, más que un árbol, el papayo podría considerarse una hierba gigante por las características herbáceas de su tronco.

Al margen de su versatilidad gastronómica, la papaya ostenta un lugar preponderante por sus cualidades nutricionales y digestivas. La pulpa de la papaya es fácil de masticar, deglutir y digerir, lo que la convierte en una alternativa ideal para personas mayores, con problemas dentales o con estómago delicado y digestiones pesadas. Asimismo, es una inmejorable fuente de vitaminas A y C, antioxidantes que el cuerpo necesita para el desarrollo normal de sus funciones. Es, de igual manera, conocida por sus facultades como laxante, su riqueza de potasio y bajo aporte de sodio. Además, la papaya contiene papaína, una enzima que actúa cual estimulante de la digestión de las grasas, proteínas y carbohidratos, facilitando así su asimilación.

Apartando su valor digestivo y nutricional, la papaya se emplea en farmacia por su acción vermífuga, es decir para expulsar parásitos intestinales. En la industria alimenticia, se utiliza para ablandar carne; en la textil, para macerar las fibras de lana y algodón y en la industria de tenería, para el curtido de pieles.

Después de conocer todas las bondades de esta fruta tropical, podemos ahora afirmar que “dar papaya”, más que un riesgo, es todo un privilegio.

CARACTERÍSTICAS
Nombre científico:  Carica papaya
Altura promedio:  Entre 2 y 6 m
Raíces:   Superficiales
Suelos:   Ligeros, fértiles, blandos, profundos y permeables
Tronco: Recto, cilíndrico, esponjoso, fibroso, hueco, gris, de 10 a 30 cm de diámetro, con cicatrices causadas por la caída de hojas y flores.
Hojas: Alternas, palmeadas, de hasta 24 cm de diámetro y tallos de 61 cm de largo.
Follaje: Perenne, abierto y redondeado, formado por hojas aglomeradas en el ápice del tronco.
Flores: Florece todo el año; las masculinas son de color crema y en racimos; las femeninas, de color crema y solitarias.  
Frutos: Ovoide, de 10 a 25 cm de largo, pulpa anaranjada con numerosas semillas de color negro.
Clima:    Húmedo (1 500 mm anuales) y cálido (20ºC a 25ºC)
Propagación:   Generalmente, por semilla
Plagas: Nemátodos, araña roja, mosca de la fruta del Mediterráneo y mosca común.
Uso paisajístico: No frecuente





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